EL PROBLEMA DE LAS ARTESANAS DE LA BELLEZA
----Los que trabajamos en el mundo de la belleza, y de modo empresarial, nos hemos preguntado durante años el porqué de la alta rotación de personal.
----Rotación que por otra parte molesta al cliente, quien desarrolla una cuestión de piel, una vez establecida la confianza en la profesional.
----Aquellos que dirigimos empresas también nos preguntamos porqué costaba tanto que nuestras empresas de belleza funcionasen como tales.
----Observamos la continua e innecesaria batalla entre los mandos y el personal. Más llamaba la atención cuando el personal estaba muy bien remunerado y trabajaba en condiciones óptimas de comodidad, higiene, buen trato, organización, equipamiento y un sinnúmero de apelativos.
----Todo lo anterior produce un desgaste inútil que atrasa los planes de expansión y desarrollo de cualquier empresa, por lo que lo consideramos importante.
----A este punto juntamos cabeza con expertos en selección de personal y apareció una conclusión muy interesante que comienza a explicar todo.
----Un empleado del sector belleza, sea cosmetóloga, pedicura, manicura, depiladora, peluquero, estilista, etc., sin saberlo, se considera a sí mismo un artesano.
----El artesano, es la persona que domina, tiene las habilidades, conoce su trabajo y es un pequeño empresario con una empresa de una única persona que es simplemente él.
----Domina todo el trabajo del principio al final, conoce cada operación del proceso completo, cada paso y lo realiza sólo él.
----No satisfecho con ello, también suele ser su contador, su jefe de personal, su supervisor y hasta el que barre el lugar de trabajo.
----Se imagina usted la casi imposibilidad de insertar a estas personas dentro de un marco empresarial que sin duda es mucho más rígido, inflexible y donde los turnos están arreglados por otra persona, cobra otra, limpia otra y el trabajo fundamentalmente está orientado a ser en equipo. Y para colmo de males, hasta tiene un jefe. En una empresa no existen las estrellas, sino el funcionamiento del equipo completo.
----Veamos ahora el enfoque de nuestra artesana. En primer lugar, no siente la pasión de pertenecer a ninguna empresa ya que ella tiene la suya: ELLA.
----Jamás se pondrá camiseta alguna de nadie porque tiene colocada SU camiseta, y los clientes no son clientes de la empresa, sino de ELLA. No intente cambiarle esta idea porque es imposible.
----Tiene que trabajar todos los días, mientras que si funcionaba con su consultorio, tenía días libres. No le hable (a la mayoría) de la existencia de la PC porque ella se arregla con su agenda y lapicera que lleva de arriba para abajo y ahora se le completaron sus necesidades con la aparición del teléfono celular. La ecuación de sus necesidades es sencilla: AGENDA + CELULAR es todo el equipo de oficina necesario.
----No encontrará jamás una cosmetóloga con la batería del celular descargada, porque es su única conexión con el mundo y él único modo de que la encuentren sus pacientes.
----Existe un tercer elemento de contacto con el mundo y es el contestador automático. Allí le dejan las cancelaciones de las citas que deben ser de un 45 a un 65% aproximadamente. Total, ya irán en otro momento, debido a que la formalidad comercial no existe con el artesano. No es necesaria.
----Ciertamente nuestra amiga, es consciente de las RRPP o Relaciones Públicas y jamás toma 2 turnos seguidos. Deja suficiente tiempo entre cliente (perdón, paciente) y paciente para el rito de “tomar un cafecito”. Porque así se teje la amistad con la paciente, quien aprovecha para hacer un poco de terapia y ahorrar en el psicólogo.
----Además nuestra artesana, es financista. Algunas clientes cuando no tienen dinero, le avisan, que es un modo de pedir crédito (que ella no sabe pero se llama crédito puente), y le pagan cuando regresan, que muchas veces cuando la situación se pone dura, pueden pasar meses.
----Nuestra artesana no sabe de publicidad, ni marketing, ni organización empresarial porque justamente su calidad de artesana no hace necesarios estos conocimientos. Nuestra artesana se encuentra perdida en el siglo XXI, frente a los eventos que tienen lugar en estos tiempos tan competitivos.
----Su única función extracurricular es el acto del cafecito y con ese momento opina que resuelve las comunicaciones de nuevos tratamientos, o productos o técnicas. La triste realidad es que este momento cafeístico parece más una conversación de teléfonos descompuestos que la comunicación que se pretende establecer. La paciente que desea terminar con su terapia y la artesana que quiere comunicarle los nuevos tratamientos que le aseguren la próxima concurrencia de la ahora “amiga”, aunque no haya pagado de momento.
----Y así hemos visto que nuestras artesanas ganaron mucho dinero hasta la aparición del 1 a 1, hace más de 10 años.
----La entonces, convertibilidad, cambió espectacularmente sus vidas. Comenzaron a sentarse al lado del teléfono esperando las llamadas de las “amigas” que finalmente no llamaban. La situación del mercado había cambiado y ellas por “mercado” entendían el lugar donde se compraban los comestibles.
----Frente a la realidad de las necesidades, las más valientes salieron a buscar trabajo en diversos institutos, que no operaban como empresas, lo cual a ellas les venía de perillas. No existía la formalidad, iban 3 días por semana, cobraban una comisión. En pocas palabras, sin saberlo habían transportado su consultorio “virtual” dentro de un recinto más grande como una peluquería o un seudo instituto. Pero en su fuero interno nuestra artesana repetía los mismos ritos que en la soledad de su consultorio, sólo que ahora estaba a la calle.
----Hasta tomaba café con sus pacientes ahora convertidos en clientes debido a que el negocio cambiaba el status.
----También seguían cancelando sus turnos, total, eran amigas. La única diferencia era que podían pagar con tarjeta de crédito y ya no había crédito personal.
----Así pasaron muchas horas de soledad encerradas en su gabinete.
¿Cuál era entonces la tan ansiada solución? ¿Dónde estaba?
----Para cuando las primeras se dieron cuenta el mundo había dado algunas vueltas, y muchas condiciones de contorno eran diferentes. Las “amigas” ahora convertidas en clientes, comenzaron a hablar de calidad, una palabra hasta el momento usada para la ropa. Y seguían sin comprender, porque nuestra artesana por calidad sólo entiende la de ella. No existen estándares, no existen medidas de calidad ni institutos que emitan normas de calidad. En pocas palabras, “lo que yo hago debe (¿?) tener calidad porque lo hago yo” y ahí acabó el tema.
----El concepto de calidad aparece cuando hay competencia. Hasta ahora no tenía competencia.
----Para empeorar su situación las revistas femeninas comenzaron a afilar las uñas con los temas de belleza, primero mal y luego enderezando el camino e informaron al público primero lo que era un peeling hasta llegar a un drenaje linfático o al masaje tailandés.
----Parecían las fuerzas de la naturaleza desatadas contra nuestra pequeña amiga. La terminan de hundir cuando le comienzan a preguntar por la marca de productos que usa.
----Algunas piensan que la salvación es desensillar hasta que amaine la tormenta. Trabajar quizás en algún instituto bueno y serio. Allí con un sueldo fijo comienzan a sentirse más tranquilas mientras afuera arrecia la tormenta. El instituto hace publicidad, estudia el mercado, elige los productos de modo profesional, buscando folletos y soporte técnico adicional y especializado específico de esos productos, estudia las posibles formas de financiar con tarjetas de crédito, selecciona a sus clientes y establece programas de fidelización, hace marketing a futuro, salen promociones según la época, la envían a congresos a los que nunca fue, en pocas palabras le organizan su vida laboral.
----Muchas cosas están bien, y una entrada fija tranquiliza el espíritu. Sin embargo el sello de artesana está grabado a fuego en la piel de nuestra amiga. Las primeras de estos grupos que trabajaron en institutos organizados, pensando que los clientes eran de ellas, se apropiaron de las listas, y se fueron para abrir nuevamente sus antiguos consultorios. Desempolvaron la camilla (que ya estaba anticuada), y quitaron la tierra de las mesas ayudantes, compraron productos de calidad inferior a los que usaban en el instituto, y comenzaron a llamar a las clientes que atendían en el instituto y eran de ELLAS.
----¡Gran sorpresa! Pocas acudieron a su llamado, y las pocas que fueron, estaban dispuestas a pagar menos, porque sabían que nuestra artesana se había aprovechado de la situación de confianza que había tenido, y se quedó con una lista de clientes que no era suya.
----Haciendo corta la historia nuestra aventurera amiga artesana pronto se quedó sin clientes, pero lo que es peor es que se quedó sin comprensión del porqué.
----Aún se lo sigue preguntando sentada nuevamente al lado del teléfono (que no sonará). Lo sucedido es sencillo. El mercado cambió y el mercado está constituido por los hábitos de los clientes.
----Hoy el cliente quiere un instituto con profesionales matriculadas, que hagan todos los cursos de puesta al día en productos y tratamientos, que atienda todos los días y en los horarios de su conveniencia. Hoy la cliente quiere una profesional que le ofrezca todas las seguridades de higiene, profesionalismo y puesta al día. Quiere formas diversas de financiación, que se acomoden a su situación económica. Quiere promociones, y además quiere que le avisen porque no tiene deseo de molestarse en buscarlas, quiere que la promoción llegue a ella y no ella a la promoción, quiere regalos, desea que la feliciten el día de su cumpleaños, quiere que se acomoden a sus necesidades y ella sea el centro del universo de esa empresa de belleza.
----Nuestra artesana jamás llegará a estos estadios de entendimiento de cómo opera el mercado, porque se niega rotundamente a integrarse.
----Es muy probable que la mayoría de las cosmetólogas que se encuentran trabajando en institutos, si siguen con el espíritu de artesanas, interiormente piensen que cuando la situación económica del país mejore, ellas regresarán a sus consultorios. Para su pesar cuando el mercado cambia es muy raro que regrese a su posición anterior.
----Mi sugerencia es que se compren una franquicia que le vende la experiencia que ella no parece dispuesta a adoptar. La solución entonces es comprar toda la experiencia y vivir su propia empresa dentro de una empresa que hará todo el trabajo de investigación, promociones, financiación, y el largo etc. que le separa de sus deseos y la realidad.
----Lo que le podemos asegurar es que la época de los consultorios no regresa y de no creerlo que le pregunten a todas las que hicieron el intento en los últimos 10 años.
----Finalmente, para quien dirige un instituto, la solución es crear un semillero de cosmetólogas dentro de su negocio. Una escuela propia donde no exista el concepto de artesana sino de empleada cualificada que es lo real.
|